
Hace unos días, justo al salir de mi primer Death Café —tras dos horas de conversación profunda y serena sobre la muerte—, miré el teléfono. Había un mensaje: mi padre estaba mal. Si mi hermano me avisa, es algo serio.
En solo un par de segundos, una cascada de pensamientos me cruzó la mente. La distancia física, la incertidumbre, el miedo, la necesidad de saber exactamente qué estaba pasando…
Además, hubo un baile de informaciones opuestas entre mis familiares: mensajes contradictorios donde unos intentaban calmar las aguas y otros mostraban una alarma absoluta. Apareció esa confusión y ese caos emocional tan comunes cuando nos asalta una mala noticia y nadie sabe muy bien cómo nombrarla. Me encontré en una montaña rusa emocional, sosteniendo también a su mujer en su estado de nerviosismo —comprensible y lógico. Me sentía descolocada; me sentía desorientada.Tuve que ponerme a indagar, a preguntar con calma y a reconstruir las piezas. Y fue ahí, al analizar la problemática real y filtrar los datos desde mi mirada de Doula de Final de la Vida, cuando encajé el puzle y llegué a la conclusión inevitable: el proceso de morir de mi padre ya ha comenzado.
Que ya no exista la posibilidad de curación no significa que no se pueda hacer nada. ¡Al contrario! Recordé el lema de un profesor del Máster en Atención Paliativa Integral de la UAB que finalicé el año pasado: «Siempre hay algo que hacer», como escuchar, buscar la mejora de la calidad de vida, cerrar la biografía, abordar y validar las emociones y atender con amor.

En medio de todo este proceso, una amiga me dijo una frase que se me quedó grabada en el alma: «Eres tu primera clienta». Comprendí de inmediato a qué se refería: todo aquello que he aprendido a ofrecer a otros —la presencia serena, la escucha sin juicio, la acogida del sufrimiento— debía aplicármelo hoy a mí misma y a los míos. Dicen que siempre hay una primera vez para todo, pero nadie nos prepara del todo para cuando esa primera vez llama a la puerta de nuestra propia familia.
Escribir esto no es solo inaugurar el blog de THE GENTLE COMFORT; es, para mí, la forma de procesar lo que estoy viviendo. Es descubrir que tener la preparación y la formación no evita el dolor, pero sí me da la estructura interior para abrazarlo.
Hoy no escribo solo como profesional. Escribo como hija, transitando mi propio duelo anticipado. Hoy me doy cuenta de que la distancia se acorta cuando estamos dispuestos a estar presentes desde el corazón y la serenidad, desde la calma y la paz interior; aunque cueste.
Esta vivencia, con todo su dolor y su luz, es la que ahora me mueve a abrir esta puerta y compartirte lo que voy aprendiendo en el camino
Bienvenido al blog de THE GENTLE COMFORT



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